
En el Museo Nacional de Arte de Cataluña se conserva un panel de madera pintado hacia 1490 por Juan de la Abadía, artista activo en la ciudad de Huesca de Aragón durante las últimas décadas del siglo XV. El Arcángel Miguel se halla aquí de cuerpo entero sobre un suelo de baldosas de ajedrez, rojas y oscuras, probablemente tabla central de un políptico mayor ejecutado para alguna iglesia de la zona de Liesa. El tema aquí no es la conocida imagen del guerrero que aplasta al dragón, sino un momento más raro, aquel del juicio, donde el destino de cada alma pende literalmente de una balanza.
La figura del Arcángel Miguel entre arte y teología
Sus alas se despliegan tras él en dos zonas de color, verde escamado en el interior y rojo oscuro en los bordes, mientras un halo de círculos concéntricos de oro encuadra su rostro de párpados abatidos; lleva cubierta roja en el cabello, coraza con decoración en relieve y manto rojo que ondea en pliegues ondulantes, recordando más a un caballero cortesano que a un guerrero del Antiguo Testamento. Con su mano derecha eleva diagonalmente una larga lanza, amenazando al demonio que aparece en el lado derecho de la composición, criatura serpentiforme con escamas y patas provistas de garras, mientras intenta tirar hacia abajo de uno de los platos de la balanza.
Con su mano izquierda sostiene el mástil del instrumento, en cuyo otro extremo se arrodilla una figura con halo, acaso otro ángel, junto a una segunda, vestida de blanco, estando cada detalle de la armadura trabajado con la precisión de un orfebre, en una tradición de arte gótico que toma prestado de los modelos flamencos sin perder su propia sensación de volumen, pesada y casi metálica, sin que nadie sepa hoy, por lo demás, qué iglesia concreta de Liesa adorno en otro tiempo.
(Traducción del texto en griego realizada por E. Georgiou)

