Giuseppe Abbati: Retrato de mujer, 1865

El Retrato De Mujer De Abbati Con Vestido Oscuro Junto A Una Silla De Madera
Giuseppe Abbati, Retrato De Mujer, Ca. 1865-66, Óleo Sobre Madera, Galleria D’Arte Moderna, Palazzo Pitti, Florencia

Una figura femenina se yergue en estricto perfil junto a una silla de madera con asiento deenea, con la mirada dirigida hacia la izquierda, fuera del marco pictórico. Tal instante fue plasmado por Giuseppe Abbati —pintor nacido en Nápoles en 1836 y fallecido en Florencia en 1868— en una pequeña tabla de veintiséis por catorce centímetros, un óleo conocido como Retrato de mujer y datado en torno a 1865-1866. Se custodia hoy en la Galleria d’Arte Moderna, en el Palazzo Pitti de Florencia, entre piezas de otros artífices de aquella generación de pintores que pasó a la historia bajo el nombre de Macchiaioli.

La efigie viste un atuendo oscuro, casi negro, de falda amplia y corpiño ceñido, mientras que en la cabeza se adivina una cofia negra anudada bajo la barbilla. A la altura de la cintura sostiene algo de un rojo intenso, acaso un tejido o un accesorio, que rompe mediante su vigor cromático la sombría armonía del conjunto. Tras ella, una balda alberga algunos recipientes y frascos menudos, al tiempo que un pesado paño oscuro clausura la composición hacia la derecha. El espacio permanece deliberadamente parco, casi vacuo, exento de cualquier detalle que desvíe la atención de la presencia humana.

Nos hallamos ante una creación debida a un pintor adscrito a esa generación de creadores italianos activos fundamentalmente en Florencia a mediados del siglo XIX, quienes opusieron resistencia a la enseñanza académica y propugnaron una pintura cimentada en el registro inmediato de la luz y la sombra por medio de amplias manchas de color en detrimento del dibujo y la línea.

La técnica de la pintura macchiaioli en el retrato de mujer de Abbati

El perfil no constituye una elección compositiva fortuita. Aleja a la efigie de todo vestigio de teatralidad, manteniéndola replegada sobre sí misma, sin diálogo alguno con el espectador, desprovista de una mirada que reclame reconocimiento. Abbati opera con superficies pictóricas amplias y casi planas, las célebres macchie de las que tomó nombre todo el grupo artístico, soslayando la descripción minuciosa de telas u objetos en favor de una impresión global y casi abstracta del volumen y la iluminación.

El elemento carmesí que sujeta la mujer actúa como única nota de tensión en un repertorio dominado por pardos oscuros, negros y ocres. No se discierne con precisión qué sea en realidad: un pañuelo quizás, un abanico, o tal vez otro objeto de índole estrictamente íntima que el arte pictórico no estimó necesario bautizar. La silla de armazón claro opone resistencia visual a la oscura figura, generando un contraste lumínico que recuerda cuán sistemáticamente investigaban los Macchiaioli las relaciones tonales por encima de los pormenores del dibujo.

El arte de este período en Florencia se halla íntimamente vinculado al Caffè Michelangiolo, punto de confluencia de artistas que ambicionaban un derrotero independiente tanto del romanticismo como de la ortodoxia académica. Abbati, en consorcio con Giovanni Fattori y Telemaco Signorini, integraba este círculo y aportó a su producción una particular sensibilidad hacia la luz de los interiores, en contraposición a los paisajes agrestes preferidos por otros colegas.

La figura humana aquí no narra fábula alguna. Simplemente existe, confinada en el silencio de su cotidianidad, entre escasos objetos que no hacen sino sugerir —sin explicarlas del todo— una existencia doméstica, circunscrita y acaso solitaria. El artífice pereció prematuramente a los treinta y dos años a consecuencia de un accidente, legando un corpus exiguo en volumen pero constante en su calidad, en el cual el Retrato de mujer subsiste como uno de los especímenes más paradigmáticos de su personal escritura.