Hosios Loukas: la Hodegetria bizantina

Mosaico Bizantino De La Hodegetria En El Catolicón Del Monasterio De Hosios Loukas, Beocia
La Virgen Hodegetria Dexiokratousa En Un Mosaico Del Siglo Xi En El Catolicón Del Monasterio De Hosios Loukas, Con El Infante En Su Mano Derecha Y Las Inscripciones Μηρ Θυ.

En el catolicón del monasterio de Hosios Loukas, en las estribaciones occidentales del Helicón, un mosaico de las primeras décadas del siglo XI rinde la figura de la Virgen en uno de los tipos más difundidos de la iconografía mediobizantina, el de la Hodegetria.

La composición ocupa el tímpano oriental del brazo sur de la iglesia, muy por encima del nivel de los revestimientos de mármol, donde la luz que se refleja en el fondo de oro confiere a la figura un carácter casi inmaterial. Se trata concretamente de la variante conocida como dexiokratousa, con el Infante sentado en su mano derecha, un esquema con larga presencia en el arte bizantino tanto en los iconos portátiles como en los frescos. La erección del propio catolicón se sitúa en la misma época aproximadamente, con una parte de la investigación atribuyéndola al abad Filoteo alrededor de 1011 y otra parte proponiendo una datación hacia la década de 1030 o de 1040. Cualquiera que sea la versión que prevalezca finalmente, el conjunto musivo del templo precede a los de la Nea Moní en Quíos y de Dafni, hecho que lo convierte en una de las muestras más tempranas y más completas de pintura monumental del período que se conservan hoy en el espacio heládico. Ningún nombre de artista acompaña la composición, como ocurre por lo demás con casi la totalidad de los mosaicos de la época, obras de grupos de artesanos instruidos en los patrones de la tradición constantinopolitana que la investigación denominó Renacimiento macedónico. La Madre de Dios emerge casi hasta la mitad del cuerpo desde el fondo de oro, con la mirada vuelta hacia el Infante con una intensidad que el espectador percibe antes de alcanzar a nombrarla.

La Hodegetria de Hosios Loukas: composición y mirada

La cabeza de la Virgen se inclina ligeramente hacia el Infante, con los ojos, profundamente sombreados y un poco asimétricos como se acostumbra en la técnica musiva de la época, siguiendo el propio movimiento de él en lugar de mirar directamente al espectador. Se trata de una variante que la diferencia de otras representaciones contemporáneas del mismo tipo, donde la madre mantiene generalmente la cabeza erguida y la mirada distanciada. Aquí la relación parece más directa. El Infante se sienta aproximadamente a la altura de su cintura, con su mano derecha alzada hacia el pecho de ella, en el punto donde el borde del maphorion se dobla en un pliegue profundo.

La gestualidad no se lee fácilmente como bendición, parece más bien un toque, un momento de contacto entre la madre y el hijo que la composición prefirió representar en lugar de la estricta distancia hierática de otras representaciones. Delante del pecho se alza su mano libre, la izquierda, con la palma vuelta hacia afuera. La propia denominación Hodegetria, aquella que muestra el camino, parece encontrar aquí una interpretación literal, ya que su mano se vuelve hacia el espectador como ofrenda, no como una simple postura corporal. El maphorion, de color casi negro con profundos reflejos azules, lleva una pequeña cruz de oro en el hombro, quizás también otras en puntos que la composición no nos permite distinguir claramente. Este esquema, establecido ya desde los primeros siglos de la iconografía cristiana, declara la virginidad de la Madre de Dios antes, durante y después del parto, significado que el fiel de la época reconocería inmediatamente, sin necesidad de explicación verbal. El fondo, uniformemente dorado, no representa un lugar concreto. Toda huella de espacio material ha sido sustraída, dejando a las dos figuras estar de pie en una luz sin origen, sin sombra, sin geografía.

Detalle De Los Rostros De La Hodegetria Y Del Infante, Arte Bizantino De Hosios Loukas
Detalle Del Rostro De La Hodegetria Y Del Infante, Con La Mirada De La Madre Vuelta Hacia El Hijo En El Mosaico Bizantino De Hosios Loukas.

El pequeño Cristo y el arte del crisografiado en la Hodegetria de Hosios Loukas

Cristo, pequeño en la edad pero no en la expresión, viste un quitón blanco con una banda roja en el hombro, el conocido clavus que en la vestimenta antigua declaraba rango y el cual la iconografía cristiana retuvo como signo de ascendencia real. Sobre sus piernas se extiende una tela salpicada de líneas de oro, técnica conocida como crisografiado, que en el arte bizantino no funciona solo decorativamente. Sugiere la luz increada, aquella que emana del mismo rostro del Dios-Hombre y no pertenece al orden del mundo visible. Su nimbo difiere del de su madre, lleva la cruz inscrita en su interior, elemento exclusivo de la naturaleza divina que ningún santo tiene derecho a compartir, por muy grande que sea su santidad. Los cabellos rizados, de tonalidad castaño rojiza, enmarcan un rostro vuelto hacia arriba, hacia la madre, con una expresión difícil de traducir en palabras, algo entre la confianza de un niño y el conocimiento de una persona que ya sabe lo que seguirá.

Una de sus manos toca el maphorion de la madre. La otra no es visible en la superficie conservada, oculta probablemente detrás del cuerpo de ella o simplemente perdida en el deterioro del mosaico. Los pies, descalzos, con un color ligeramente sonrosado, asoman bajo la tela, mostrando cuán cerca se halla todavía el cuerpo infantil de su dimensión humana y mortal, a pesar de la divinidad que declara el nimbo crucífero.

La tradición bizantina de la imagen y las inscripciones

A los dos lados del nimbo de la Virgen se leen las letras ΜΗΡ y ΘΥ, abreviatura de la frase Madre de Dios, inscripción que acompaña casi toda representación bizantina de la Madre de Dios y funciona a la vez como identidad y como confesión de dogma, puesto que la propia denominación remite a la decisión del III Concilio Ecuménico sobre la maternidad divina de la Virgen. El tipo de la Hodegetria se vinculó tempranamente con una tradición que quería que su primera imagen fuera obra del evangelista Lucas, tradición sin documentación histórica pero con inmensa difusión en todo el imperio bizantino. En el catolicón de Hosios Loukas la figura no ocupa la posición central que tendría en la concha del santuario, se sitúa por el contrario en el tímpano de un compartimento lateral, algo que no merma su importancia sino que muestra cómo el programa iconográfico del templo multiplicaba las apariciones de la Madre de Dios en más de un punto del espacio.

Un peregrino del siglo XI, pasando por debajo de este arco, reconocería inmediatamente el rostro y sabría la historia que se le atribuye, pero quizás no notaría siquiera la mirada que la madre vuelve hacia su niño, esa pequeña desviación de la norma que hoy, con una distancia de casi nueve siglos, parece el elemento más humano de la composición entera.

(Traducido del texto griego por E. Georgiou.)