Mastorochoria: Pyrsógianni, Vúrbiani, Gorgopótamos y Plikáti

Empedrado entre edificios de piedra, con un vano en arco a la izquierda y un cobertizo de madera junto a un gran árbol caducifolio a la derecha.
Espacio común empedrado entre edificios de piedra de un pueblo de montaña.

En los Mastorochoria de Konitsa, en las laderas del Gramos y en la comarca más amplia del Sarantáporos, el arte de construir determinó durante generaciones la vida laboral de sus habitantes. De estos pueblos de montaña partían cuadrillas que asumían obras lejos de su tierra natal, llevaban consigo sus conocimientos técnicos y regresaban con la experiencia adquirida en otros lugares. Pyrsógianni y Vúrbiani figuran entre los focos más antiguos de esta tradición, mientras que en Gorgopótamos alcanzó un desarrollo especial la talla en madera. Plikáti pertenece al mismo mundo serrano, con una historia comunal propia.

Conviene, con todo, precisar el nombre. Como término histórico y cultural, «Mastorochoria» —literalmente, «los pueblos de los maestros constructores»— tiene un uso más amplio que la denominación del antiguo municipio de Mastorochoria. A este pertenecían también los cuatro pueblos, con capitalidad en Pyrsógianni, hasta su supresión y la integración de sus núcleos en el municipio de Konitsa con la reforma administrativa de 2010.

El trabajo más allá de los límites del pueblo

Un relieve abrupto y las escasas posibilidades de cultivo extensivo favorecieron el giro hacia los oficios de la construcción. Esa especialización se afianzaba con el aprendizaje junto a los mayores, dentro de las cuadrillas y en el seno de las relaciones familiares. La documentación universitaria sobre los maestros constructores del Epiro describe cómo el saber se transmitía en la propia obra, donde el más joven aprendía poco a poco a reconocer las propiedades de los materiales y las exigencias de cada construcción.

Las cuadrillas, los conocidos bulúkia, iban encabezadas por el protomástoras, el maestro de obras que buscaba encargos y negociaba los acuerdos. En el grupo participaban artesanos de distintos oficios y aprendices, con responsabilidades y salarios desiguales. La partida solía producirse después del Carnaval y el regreso, hacia el invierno, aunque este esquema estacional no abarcaba todos los casos de emigración.

Para comunicarse entre sí, los maestros recurrían a los kudarítika, una jerga profesional secreta que resguardaba las conversaciones del grupo frente a terceros. Su uso estaba ligado a un mundo laboral en el que el acceso al oficio y a los encargos era decisivo para la supervivencia de la familia.

Pyrsógianni: la tradición constructiva y sus testimonios

En Pyrsógianni el oficio de constructor llegó a ocupar un lugar central en la economía del pueblo, junto a una agricultura de pequeña escala y la ganadería. Los desplazamientos profesionales de sus vecinos explican por qué la historia de un núcleo relativamente pequeño se vincula a edificios de tantas otras regiones. El pueblo era punto de partida para el trabajo, pero también el lugar al que volvían los artesanos, que mantenían allí obligaciones y lazos familiares.

Entre sus edificios más notables se encuentran las iglesias de San Nicolás y San Jorge. La segunda resulta interesante por su construcción y por su decoración interior, en la que la talla en madera se encuentra con la pintura. En los edificios eclesiásticos puede seguirse esa colaboración entre oficios, que a menudo se pierde cuando atribuimos una obra entera, sin más, a «los maestros».

Especial relevancia tiene el material reunido para el Museo de los Maestros Constructores Epirotas. Herramientas y contratos, fotografías de obras, registros de itinerarios: todo ello abre posibilidades de estudio que van más allá de la observación de los edificios conservados. Un contrato, por ejemplo, puede iluminar la vertiente económica de una construcción, que la fachada terminada deja en la sombra.

Vúrbiani y el lugar de la enseñanza

Junto con Pyrsógianni, Vúrbiani se cita como uno de los mayores pueblos de maestros constructores de la zona. En su historia, sin embargo, destaca también la actividad educativa. El antiguo scholarchío, escuela griega de grado medio, fue una institución importante para toda la comarca, pues vinculaba a la comunidad con la formación escolar y con trayectorias profesionales que iban más allá de la construcción. El registro correspondiente de la Universidad Técnica Nacional de Atenas señala que ya en el siglo XIX funcionaba un scholarchío.

Este aspecto permite una lectura más completa del pueblo. La especialización profesional convivía con el empeño por abrir a los hijos otras posibilidades, y el sostenimiento de una institución educativa presuponía un interés que rebasaba las necesidades de un solo hogar.

Entre los monumentos eclesiásticos de Vúrbiani figura la iglesia de la Panagía, con un notable templón e iconos de pintores de Chionades. Su presencia pone de manifiesto las relaciones artísticas entre comunidades vecinas, en las que oficios distintos podían coincidir en un mismo edificio.

Gorgopótamos, el antiguo Túrnovo de los tallistas

Gorgopótamos de Konitsa, antes conocido como Túrnovo, fue un importante foco de talla en madera. Los artesanos turnovitas aceptaban encargos eclesiásticos y trabajos en viviendas, con una especialización particular en el ornato de las iglesias. Templones y tronos episcopales exigían dominio del dibujo, una preparación adecuada de la madera y un trabajo manual paciente y tenaz.

En el estudio de Aikaterini Polymérou-Kamiláki sobre los tallistas de Túrnovo, del que se recogen fragmentos en el volumen didáctico Λαογραφία – Παραδοσιακός πολιτισμός («Folclore – Cultura tradicional»), la familia aparece como el ámbito principal de transmisión del oficio. Los aprendices empezaban por tareas auxiliares y avanzaban hacia el dibujo bajo la supervisión del maestro.

Del mundo natural y de los relatos bíblicos tomaban los tallistas sus motivos decorativos. El traslado de un diseño a la madera podía hacerse con papel perforado y polvo, de modo que las líneas quedaran marcadas antes de empezar a tallar. No menos decisiva era la elección del material. El nogal se empleaba ampliamente, aunque tallistas más jóvenes, como Vasíleios Skalistís, trabajaron también el róbolo, el pino de Heldreich.

Plikáti y los vínculos de una comunidad de montaña

En las laderas del Gramos, Plikáti enlaza la historia de los Mastorochoria con el medio montañoso y con los desplazamientos de sus habitantes. Su situación cerca de la frontera greco-albanesa confiere un interés especial al estudio de la comunidad, ya que los lazos locales se forjaron en circunstancias históricas cambiantes.

Un arroyo impetuoso corre sobre piedras por un cauce boscoso, junto a una gran roca cubierta de musgo.
Pequeños saltos de agua sucesivos en un cauce boscoso, entre musgo y hojas caídas.

La etnografía de archivo de Chrysánthi Vasákou, en la Universidad de Ioánina, examina Plikáti a través de la memoria familiar y de la organización comunitaria. Los vínculos matrimoniales con pueblos vecinos, entre ellos Gorgopótamos y Vúrbiani, estaban relacionados con los desplazamientos laborales y los intercambios económicos. El parentesco abría así vías de comunicación entre los pueblos, a pesar de las distancias y de lo accidentado del terreno.

La casa durante la ausencia de los maestros

La emigración, que se prolongaba durante meses, condicionaba la vida diaria de quienes se quedaban. A las mujeres les correspondía gran parte del cuidado de la casa y de las faenas agrícolas, y la familia debía funcionar durante largas temporadas sin los hombres que trabajaban lejos. El estudio arquitectónico de Ismíni Tsoumpári sobre los Mastorochoria analiza precisamente esa relación entre el trabajo, la organización social y el espacio habitado.

Desde esta perspectiva cobran interés también las casas corrientes, y no solo los edificios públicos más imponentes. La distribución de sus estancias respondía a las necesidades de la familia, al almacenamiento de provisiones y a los cambios estacionales de la vida. Para estudiarlas hacen falta levantamientos y testimonios de quienes las habitaron, sobre todo en lo que atañe a usos de las habitaciones que hoy han cambiado.