
Parga, ciudad costera del Epiro situada frente a Paxos, se extiende en anfiteatro por las laderas que dominan una ensenada del Jónico. Las casas, de tejados de teja y fachadas de colores, ascienden escalonadas desde el paseo marítimo, mientras el castillo ocupa la península rocosa que separa el puerto de la playa de Valtos. Desde el mar se percibe sin esfuerzo hasta qué punto la localidad vivió vuelta hacia la costa. Por ella mantenía la comunicación con Corfú, de la que dependió administrativamente durante los siglos de dominio veneciano.
Su emplazamiento en la costa continental confería a Parga un valor estratégico singular. Para Venecia fue escala comercial y puesto avanzado frente al Epiro, con el territorio otomano extendiéndose tierra adentro.
La antigua Torine y el testimonio de Plutarco
En el entorno de Parga suele situarse la antigua Torine, un enclave costero mencionado en los hechos que precedieron a la batalla de Accio, en el 31 a. C. Esta identificación exige cautela, pues la ubicación exacta del asentamiento antiguo sigue siendo incierta. Vincularlo a la zona de la ciudad actual no demuestra que ambos núcleos ocuparan exactamente el mismo lugar.
Según Plutarco, en la Vida de Antonio, Octaviano cruzó el Jónico y tomó Torine, lo que sembró la inquietud en el campamento de Antonio, cuyas fuerzas terrestres aún se retrasaban. Cleopatra recibió la noticia con un juego de palabras. Como «torine» significaba «cucharón», bromeó diciendo que no había por qué temer si César estaba sentado en un cucharón.
Más de un siglo separa al autor de los hechos que narra. El episodio conserva la imagen de Cleopatra que transmitía la tradición biográfica, pero no resuelve la cuestión topográfica. En la vertiente occidental de la colina del castillo se conservan restos de una muralla antigua, indicio de que el lugar ya se ocupaba en época temprana. Entre estos vestigios fragmentarios y la Parga medieval median grandes lagunas documentales.
Cuatro siglos bajo la protección de Venecia
El nombre de Parga aparece en las fuentes escritas a comienzos del siglo XIV. Decisivo para su trayectoria posterior fue el año 1401, cuando sus habitantes firmaron un tratado con Venecia y la localidad pasó a ser posesión veneciana, conservando sus privilegios. El vínculo administrativo con Corfú le aseguraba apoyo por mar y la integraba en la red de enclaves venecianos del Jónico.
En la práctica, aquella protección se puso a prueba una y otra vez. Los otomanos tomaron Parga en 1452, pero dos años después volvió a manos venecianas con la ayuda de sus habitantes y de los corfiotas. Los recursos disponibles para las fortificaciones seguían siendo escasos, y los ataques no cesaban.
En 1537 la flota otomana de Jeireddín Barbarroja destruyó Parga. Siguieron una reconstrucción veneciana en 1567 y una nueva destrucción en 1571, durante las incursiones que precedieron a la batalla de Lepanto. Tras este último ataque, los venecianos restauraron y ampliaron el castillo, y dieron forma a buena parte de la fortificación que se conserva hoy. En el siglo XVII la localidad conoció un periodo de prosperidad y empezó a crecer fuera de las murallas, por las laderas que se extienden bajo la fortaleza.
El castillo de Parga
La planta irregular del castillo se amolda al relieve de la colina. Las murallas exteriores siguen los bordes rocosos y aprovechan su protección natural, mientras que el flanco sureste, el más accesible, se refuerza con una torre semicircular. Sobre la puerta exterior se conserva una inscripción con el año 1707 y el nombre del gobernador Markos Theotokis.
Una segunda puerta da paso al interior a través de un estrecho pasadizo abovedado. Su inscripción alude a la dependencia de Parga respecto de Corfú, y algo más arriba hay empotrado un relieve con el león alado de san Marcos, emblema de Venecia. En el recinto se conservan restos de cuarteles de principios del siglo XIX y ruinas de nueve iglesias. Una de ellas, al oeste de la puerta de la acrópolis, se identifica probablemente con la antigua iglesia parroquial de San Espiridión.
En el punto más alto se encuentra la obra añadida por Alí Pachá. En 1819-1820 se levantó una sólida muralla interior con un baluarte poligonal, que formó una acrópolis independiente. Las inscripciones de su puerta llevan el año 1820 y el nombre del pachá. En el interior se construyó un palacio de dos plantas con estancias residenciales y dependencias auxiliares, entre ellas un pequeño baño y una mezquita. Según la documentación del Ministerio de Cultura, en la segunda mitad del siglo XIX el castillo quedó desatendido y fue abandonándose poco a poco.
De la caída de Venecia a la cesión de 1817
Con la disolución de la República de Venecia en 1797, Parga pasó a manos francesas. La presencia francesa se interrumpió con la intervención ruso-otomana en el Jónico de 1798-1799, a la que siguió el Tratado de Constantinopla de 1800. El acuerdo preveía la creación de la República Septinsular bajo protección rusa y soberanía otomana. Para las antiguas posesiones venecianas de la costa continental, entre las que figuraba Parga, establecía su sujeción al Imperio otomano con garantías especiales.
La distinción tendría consecuencias que solo más tarde se harían visibles. Parga mantenía estrechos lazos con las islas Jónicas, pero su estatuto convencional permitía a la Sublime Puerta reclamar su entrega.
Tras el Tratado de Tilsit, en 1807, volvieron los franceses. En 1814 los habitantes de Parga recurrieron a los británicos en busca de protección frente a Alí Pachá de Ioánina. Este ya había extendido su control a las demás antiguas bases venecianas de la costa y, después del Congreso de Viena, invocó el acuerdo de 1800 para exigir también Parga.
El choque entre las expectativas locales y los cálculos estratégicos británicos lo examina un estudio reciente de Rosa Maria Delli Quadri. La administración británica de las islas Jónicas, encabezada por Thomas Maitland, llegó en 1817 a un arreglo para ceder la ciudad a la parte otomana. Su aplicación la pondría bajo el control de Alí Pachá. Los habitantes podían quedarse o marcharse, y recibirían una indemnización por los bienes que dejaran atrás.
El éxodo de Parga en 1819
En abril de 1819, poco antes de la entrega de la ciudad, los habitantes de Parga partieron en masa hacia las islas Jónicas, sobre todo a Corfú. Su número suele cifrarse en torno a los cuatro mil. La parte otomana debía indemnizarlos por sus bienes, lo que no borraba la pérdida del hogar ni de los vínculos con su tierra.
A aquella partida va unido el conocido relato de la exhumación y la quema de los huesos de sus antepasados, para ponerlos a salvo de una posible profanación. El episodio pasó a la historiografía y a la literatura, aunque los distintos relatos difieren en cuanto al destino de los restos y al modo en que fueron trasladados. La marcha adquirió así una segunda imagen: la de unas gentes que intentaban llevarse consigo incluso a sus muertos.
La cesión de Parga suscitó reacciones en Gran Bretaña y llegó a debatirse en el Parlamento. En los círculos filohelenos de Europa se convirtió en ejemplo del abandono de una población por la potencia a la que había confiado su protección. Giovanni Berchet se inspiró en ella para el poema I profughi di Parga, y Andreas Kalvos dedicó a los habitantes de Parga la oda «A Parga», centrada en la elección del exilio frente a la sumisión. Los regresos posteriores de algunos vecinos no anularon la fractura demográfica de 1819.
La unión con Grecia
Parga permaneció bajo administración otomana hasta la primera guerra de los Balcanes. El 23 de febrero de 1913, según el calendario entonces vigente, un destacamento militar griego al mando del subteniente Ángelos Fetsis entró en la ciudad y tomó posesión del castillo. La liberación se inscribía en las operaciones del Epiro, dos días después de la toma de Ioánina.
A lo largo del siglo XX, junto al olivar y las demás actividades agrarias de la zona, fue abriéndose paso el turismo. El paseo marítimo se pobló de restaurantes y cafés, y el núcleo costero se adaptó a las necesidades de los visitantes. En el censo de 2011 la ciudad propiamente dicha contaba con 2088 residentes permanentes. La cifra corresponde a la localidad y difiere de la población de la comunidad o del conjunto del municipio de Parga.