Hans von Aachen: Alegoría de la Justicia

Alegoría de la Justicia de Hans von Aachen, con espada y balanza, la Verdad desnuda a su lado y un león sobre una figura masculina caída.
Hans von Aachen, Alegoría del triunfo de la Justicia, 1598. Óleo sobre cobre, 56 × 47 cm. Alte Pinakothek, Múnich, n.º de inv. 1611.

Con la espada dirigida hacia las figuras caídas y la balanza en alto junto a la columna, la Justicia domina la Alegoría de Hans von Aachen, obra de 1598 que se conserva en la Alte Pinakothek de Múnich. Pintada al óleo sobre cobre, con unas dimensiones de 56 × 47 cm, la composición figura en el catálogo del museo como Alegoría del triunfo de la Justicia, con el número de inventario 1611. La Verdad desnuda, sentada a su lado, tiende la mano hacia su protectora, mientras más abajo, entre los cuerpos de los vencidos, asoma un león.

La Alegoría de la Justicia y el movimiento de las figuras

En la parte derecha del cuadro se concentra el peso principal de la escena, y las dos figuras femeninas se enlazan mediante movimientos contrapuestos: la Justicia se inclina hacia abajo y sigue con la mirada la dirección de la espada, mientras la Verdad, girando el torso, extiende la mano hacia el pecho de la Justicia. Ese contacto mantiene visualmente unidas a las figuras, pese a la apertura del brazo alzado y al amplio despliegue de los ropajes hacia el borde del cuadro.

Más abajo, la inclinación de los cuerpos prolonga el movimiento oblicuo de la espada. Un hombre ha caído de espaldas sobre los escalones del primer plano, con la cabeza vuelta hacia arriba y los brazos abiertos, y en el extremo inferior izquierdo se distingue una máscara. Las superposiciones dificultan la lectura inmediata de los contornos, ya que el paño rojo desciende por detrás del león.

La Verdad aparece sobre todo de espaldas. A su torso iluminado, que gira sin perder la continuidad del contorno, se contrapone la sombra profunda del paño azul claro. El rostro, más pequeño y en parte vuelto hacia el espectador, queda cerca de la cabeza de la Justicia, pero la mirada regresa una y otra vez a la extensión de la espalda y a las piernas flexionadas, allí donde el cuerpo se acerca al borde del asiento.

A la izquierda se abre el paisaje, con pequeñas figuras femeninas ante edificios en ruinas y un horizonte que se retira bajo amplias nubes. La distancia se expresa mediante el debilitamiento de los colores y la simplificación de las formas, mientras que en primer plano la melena del león conserva una presencia densa, casi compacta.

La Verdad y la moderación del rigor

La personificación, es decir, la representación de un concepto abstracto con forma humana, permite al pintor desarrollar una escena de contenido político y moral a través de relaciones corporales. La balanza y la espada identifican a la Justicia, cuya acción se vincula, según la interpretación del museo, con el triunfo del buen gobierno sobre el engaño y el vicio.

En el estudio de Bubryák se recoge también la lectura de la Verdad desnuda como una figura que apacigua a la Justicia e introduce la clemencia en el ejercicio del poder. El león se ha interpretado como la fuerza del soberano y como una posible alusión heráldica a los Wittelsbach. En el fondo, la investigadora reconoce a la Abundancia y la Paz, junto con la Concordia.

Desde esta lectura, el gesto entre las dos protagonistas adquiere un peso particular. El pintor sitúa su contacto cerca del centro del grupo superior, entre el desarrollo vertical de la balanza y el brusco descenso de la hoja. La tensión permanece en la parte inferior, donde los cuerpos se comprimen, mientras que arriba el movimiento se detiene por un instante en la palma de la Verdad.

La corte de Rodolfo II y el posible encargo

Nacido en Colonia, Hans von Aachen había trabajado en Italia y en Baviera antes de establecerse en Praga, donde, según la National Gallery, desde 1596 sirvió a Rodolfo II como pintor y como asesor en la adquisición de obras de arte. Esa trayectoria lo puso en contacto directo con la producción artística y las aspiraciones coleccionistas de distintas cortes del Renacimiento europeo.

En la Alegoría, el alargamiento de los cuerpos y sus complejas torsiones dan un contenido concreto a la calificación de esta pintura como manierista. La Verdad se vuelve hacia la Justicia mientras sus piernas mantienen otra dirección, y los paños se abren en pliegues que amplían los gestos. En la vestidura roja, sobre todo en torno al brazo alzado, las superficies claras y rosadas lindan con sombras profundas, lo que confiere a los pliegues una mayor agudeza.

La Alte Pinakothek considera la obra un probable regalo de Rodolfo II al joven duque Maximiliano I de Baviera. La hipótesis se relaciona con su interpretación como «espejo de príncipes», una formulación pictórica de las virtudes que el gobernante debe ejercer. Sin embargo, Bubryák señala que ninguna fuente escrita prueba la donación y que la presencia del cuadro en Múnich no está documentada en vida de Maximiliano. Su registro seguro se encuentra en un inventario de 1748, donde se describe como una representación de la Paz y la Justicia.

Fuentes y bibliografía