Hans von Aachen: Alegoría de la Paz, el Arte y la Abundancia

La Paz alza una rama de olivo entre las personificaciones de las Artes y la Abundancia, bajo un cortinaje rojo.
Hans von Aachen, Alegoría de la Paz, el Arte y la Abundancia, 1602. Óleo sobre lienzo, 197 × 142 cm. Museo del Hermitage, San Petersburgo.

Alzando una rama de olivo bajo el pesado cortinaje rojo, la figura femenina central de la Alegoría de la Paz, el Arte y la Abundancia de Hans von Aachen enlaza con su amplio gesto a los personajes y los objetos de una escena muy trabada, en la que la corporeidad humana convive con los emblemas del saber. Pintado en 1602, al óleo sobre lienzo, con unas medidas de 197 × 142 cm, el cuadro se conserva en el Museo del Hermitage de San Petersburgo. Su interés se centra en la relación entre la vida en paz, la creación artística y la prosperidad, formulada mediante personificaciones femeninas.

Las figuras y la organización de la escena

Domina el centro de la composición la Paz, sentada con el torso vuelto hacia el espectador y las rodillas giradas hacia la izquierda, mientras la cabeza se inclina en sentido contrario. Su cuerpo claro, recortado sobre las vestiduras oscuras de la figura que está detrás, concentra la luz. Un velo fino y transparente desciende hasta los muslos y prosigue en pliegues entre los cuerpos, de modo que la curva de la postura sedente sigue siendo legible.

Detrás de la Paz aparece la personificación de las Artes y del conocimiento científico. A la izquierda se distingue la esfera de anillos metálicos, instrumento ligado a la astronomía, y más abajo se reúnen útiles de pintura y otros objetos. Ming-Ling Tsai, en su estudio, relaciona la presencia de la esfera astronómica, junto con la paleta y la escultura, con el empeño por obtener para la pintura y la escultura el reconocimiento de actividades equiparables a las artes liberales, es decir, a las disciplinas de la formación erudita.

Más abajo, de espaldas al espectador, la Abundancia sostiene una copa de oro y alza el rostro hacia la Paz. La tela de tono castaño dorado que envuelve su cuerpo se extiende por el ángulo derecho, cerca del cuerno con los frutos. Con esta colocación, la figura introduce dentro del cuadro un segundo plano de contemplación: el espectador tiene ante sí a la Paz y, al mismo tiempo, observa a otra figura que se vuelve hacia ella a muy corta distancia.

El espacio es angosto. Sobre las cabezas, el cortinaje se repliega en grandes curvas y deja entre sus pliegues una abertura reducida hacia el cielo y el follaje.

La paz y el lugar de las artes

En la base de la escena, entre los pies y las telas, se amontonan piezas de equipo militar. Su posición baja, frente a la rama alzada, permite leer la composición como el triunfo de un estado de cosas en el que las artes pueden desarrollarse. Tsai relaciona la armadura apartada con la tradición iconográfica de Venus y Marte y subraya la dimensión imperial del tema. Esta interpretación sitúa el cuadro en el entorno de Rodolfo II, en cuya corte trabajó el pintor.

En la propia imagen, sin embargo, la relación entre los conceptos se despliega sobre todo a través del contacto de los cuerpos. La figura posterior se acerca a la Paz y le apoya la mano en el hombro, mientras la Abundancia se vuelve desde el primer plano hacia el encuentro de ambas. Entre los significados abstractos de los emblemas se interponen así gestos de intimidad, y el lento movimiento de las cabezas y las miradas mantienen la escena dentro de un círculo cerrado.

La forma manierista y una composición afín

El alargamiento del torso, la cabeza pequeña y la refinada articulación de los dedos confieren a la Paz la elegancia rebuscada propia del manierismo. El término designa aquí un tratamiento de la figura humana con proporciones acentuadas y posturas complejas, como se aprecia especialmente en el desplazamiento entre la pelvis y los hombros. A las superficies iluminadas del cuerpo responden sombras profundas, y el rojo del cortinaje reaparece en las vestiduras situadas detrás de las figuras.

Von Aachen aprovechó esta misma disposición para un tema distinto. El catálogo de las colecciones Liechtenstein pone en relación Diana y sus ninfas descansando tras la caza, obra de hacia 1602, con la Alegoría firmada y fechada del Hermitage, y señala la estrecha semejanza de ambas composiciones. En el asunto cinegético cambian los atributos de las figuras, con la lanza y los animales como señas de la identidad de Diana, mientras se conserva la característica figura femenina alargada.

La comparación muestra hasta qué punto los objetos son decisivos para leer el cuadro del Hermitage. La postura del cuerpo podía repetirse en otro relato. Aquí son la rama que se eleva ante la cortina y la esfera que se perfila más abajo, a la izquierda, las que determinan el contenido del encuentro.

Fuentes y bibliografía