Santos Nereo y Aquileo: los testimonios y la tradición de Domitila

Santa Domitila con los santos Nereo y Aquileo, ramas de palma y ángeles en una pintura de Rubens.
Pedro Pablo Rubens (1577-1640), Santa Domitila con los santos Nereo y Aquileo, 1608. Óleo sobre pizarra, 425 × 280 cm. Santa Maria in Vallicella (Chiesa Nuova), Roma.

Los santos Nereo y Aquileo están vinculados a uno de los cementerios cristianos más importantes de Roma, las catacumbas de Domitila en la vía Ardeatina, donde la veneración de sus sepulcros había adquirido ya expresión pública en el siglo IV, mientras que las noticias sobre su vida anterior siguen siendo escasas. En el relato hagiográfico posterior aparecen como servidores de una mujer de la familia imperial, Flavia Domitila, con quien comparten el destierro y la adhesión a la fe cristiana; el testimonio conservado más antiguo, sin embargo, los sitúa en las filas del ejército romano.

De esta discrepancia surge la pregunta histórica fundamental: ¿cómo llegó a formarse su historia común, si todo lo que sabemos procede de textos de épocas distintas, escritos para atender a necesidades diferentes de la comunidad eclesial?

La inscripción del papa Dámaso

En tiempos del papa Dámaso I, entre 366 y 384, se compuso en honor de los dos mártires un epigrama latino que se colocó en el lugar de su sepultura y que describía su conversión con el lenguaje del servicio militar. Según el texto, ambos cumplían duras tareas obedeciendo, por miedo, las órdenes de un tirano, hasta que la aceptación de la fe cristiana los llevó a abandonar el campamento y a arrojar las armas junto con las insignias de su servicio.

Dámaso concede especial relieve a este cambio de actitud, pues la obediencia anterior al poder cede su lugar a la confesión de Cristo. El dato permite reconocer un núcleo antiguo de la tradición, el de unos soldados que cambian de fe y dejan de servir, aunque no ofrece ni el nombre del emperador ni una fecha concreta de su muerte.

Durante las excavaciones del siglo XIX se hallaron fragmentos de la inscripción en mármol, mientras que el poema completo se había conservado también en colecciones manuscritas, lo que permite estudiar conjuntamente el hallazgo material y su transmisión escrita.

Cuándo vivieron y dónde fueron venerados

La datación del martirio hacia el año 98, que repiten algunas biografías modernas, depende del relato que vincula a los dos santos con Domitila y con los tiempos de Domiciano y de Trajano. Puesto que la inscripción más antigua no nombra al perseguidor, esa fecha debe tratarse como elemento de una tradición concreta, con un grado de certeza distinto del que tienen la existencia y el culto de los propios mártires.

En la documentación arqueológica de la Pontificia Comisión de Arqueología Sacra se considera más probable su relación con la persecución de Diocleciano, hacia el año 304, y la gran basílica del cementerio se atribuye a la época del papa Siricio, a finales del siglo IV. Con columnas que dividían el espacio en tres naves y un ábside que cerraba la nave central, el edificio pone de manifiesto la envergadura que había adquirido la presencia cultual de los mártires en el cementerio.

En las excavaciones de Giovanni Battista de Rossi, en la década de 1870, salió a la luz además un relieve con la ejecución de Aquileo sobre una pequeña columna, con una inscripción que permite identificarlo. La conjunción de nombre e imagen tiene especial importancia, porque vincula a una persona concreta con la configuración monumental del lugar, con independencia de los detalles que se añadieron más tarde a su vida.

Las Actas y el vínculo con Domitila

En una etapa posterior, probablemente en el siglo V o VI, se forjó el extenso Martirio de Nereo y Aquileo, conocido por la tradición latina y la griega, en el que su historia se integra en una red más amplia de personajes del primer cristianismo romano. Las Actas de los mártires los presentan como eunucos camareros de Domitila, bautizados por el apóstol Pedro, que la animan a consagrarse a la virginidad y a renunciar al matrimonio concertado con Aureliano.

Siguen el destierro a Pontia, la actual Ponza, y el enfrentamiento con el pretendiente rechazado, mientras el relato se entrelaza con otras historias de mártires y con tradiciones en torno a Pedro. La consagración virginal de Domitila ocupa aquí un lugar central, ya que de ella parten las presiones y las decisiones que hacen avanzar el martirio.

La distancia temporal respecto de los hechos y la compleja construcción literaria exigen cautela cuando se emplean las Actas como fuente biográfica. Siguen siendo, con todo, un testimonio fundamental de cómo comunidades cristianas posteriores entendían la consagración y relacionaban entre sí distintos lugares de memoria de Roma.

El problema de la identidad de Flavia Domitila

Sobre Domitila existe también un testimonio ajeno a las Actas: Eusebio de Cesarea, en su Historia eclesiástica, refiere que una Flavia Domitila, sobrina del cónsul Flavio Clemente, fue desterrada a Pontia a causa de su testimonio de Cristo. La noticia se puso por escrito a comienzos del siglo IV y se refiere a la época de Domiciano, sin incluir en ese pasaje a Nereo y Aquileo.

Conviene mantener esta distinción, sobre todo cuando las vidas abreviadas funden a parientes de la dinastía Flavia y convierten a Flavio Clemente en prometido de la santa. En las propias Actas, tal como las resume el catálogo científico de NASSCAL, el pretendiente se llama Aureliano, de modo que sustituirlo por Clemente añade una confusión más entre las fuentes.

La memoria litúrgica

En la Iglesia católica romana, los santos Nereo y Aquileo se celebran el 12 de mayo, con memoria libre en el calendario romano general. La antigüedad de su culto la confirma también la homilía 28 sobre los Evangelios de san Gregorio Magno, pronunciada en la iglesia de los mártires el día de su fiesta, sin que el predicador añadiera datos biográficos concretos.

En la tradición del Prólogo eslavo, la recepción de esa misma memoria siguió un camino peculiar: textos medievales que remitían a la homilía de Gregorio transmitieron los nombres alterados como Jeremías y Arquilio. Con esos nombres se inscribió la memoria el 6 de abril, dato que debe citarse con su procedencia concreta en el Prólogo, en lugar de presentarse como práctica calendárica uniforme de toda la Iglesia ortodoxa.

De la tradición romana a la pintura

Santa Domitila con corona y palma entre los santos Nereo y Aquileo, bajo ángeles que sostienen coronas.
Cristoforo Roncalli, llamado el Pomarancio (1552-1626), Santa Domitila con los santos Nereo y Aquileo, h. 1598-1599. Óleo sobre lienzo, 277 × 166 cm. Iglesia de Santi Nereo e Achilleo, Roma. Encargo del cardenal César Baronio para el altar izquierdo.

Cristoforo Roncalli, llamado el Pomarancio, destaca la presencia conjunta de Domitila y los dos mártires en el lienzo que pintó hacia 1598-1599 para la iglesia de Santi Nereo e Achilleo, en Roma. En el centro se alza la santa, con corona y rama de palma, entre dos figuras masculinas, mientras en lo alto los ángeles sostienen coronas que desplazan la atención de la prueba terrena al reconocimiento celestial del martirio.

En Rubens, en 1608, el mismo grupo cobra otro dinamismo: los gestos y los ricos pliegues de las vestiduras enlazan las figuras bajo una multitud de ángeles. La obra de Santa Maria in Vallicella pertenece a la posterior vida plástica de la tradición, de la que el pintor toma un grupo de santos ya constituido, sin que esa agrupación constituya una prueba histórica independiente de su actuación común.

San Gregorio con Domitila y otros santos bajo una imagen de la Virgen con el Niño, en una obra de Rubens.
Pedro Pablo Rubens (1577-1640), El papa san Gregorio con santos y santas venera la imagen milagrosa de la Virgen con el Niño, 1606-1607. Óleo sobre lienzo, 477 × 288 cm. Musée de Grenoble, Grenoble, n.º de inv. MG 97. La composición incluye a santa Domitila y a los santos Nereo y Aquileo.

En la composición anterior del mismo artista, de 1606-1607, que se conserva en el Museo de Grenoble, Domitila y los dos mártires se integran en una asamblea más amplia en torno a san Gregorio, bajo la imagen de la Virgen con el Niño. La elección de los personajes guarda relación con las reliquias que custodiaba la iglesia romana a la que se destinaba el cuadro, mientras que las miradas y el movimiento de los cuerpos conducen al espectador hacia la parte superior, donde la imagen aparece rodeada de ángeles y de ornamentación vegetal.

Fuentes y bibliografía